La Basílica de San Pedro en el Vaticano

La Basílica de San Pedro se encuentra en el corazón de la Ciudad del Vaticano, un estado soberano independiente situado en la orilla derecha del río Tíber, en el centro de Roma

El Estado Vaticano, donde se encuentra la Basílica de San Pedro, es el estado más pequeño del mundo, resto de los dominios temporales de la Iglesia, anexionados a Italia a finales del siglo XIX con la unificación del país

ÍNDICE DE CONTENIDOS

La era constantiniana

La basílica de San Pedro se levanta sobre los cimientos de la basílica constantiniana, que durante más de mil años ocupó una zona sagrada de mausoleos pagano-cristianos en el Vaticano. Constantino, el primer emperador cristiano, quiso que la basílica se construyera, en el año 315, exactamente en el lugar donde se veneraba la presunta tumba del primer apóstol de Cristo.

 
 
 

La Basílica, tal como la vemos hoy, con su cúpula nervada que se eleva sobre la plaza y que parece acoger a todos los peregrinos del mundo en el abrazo de la Madre Iglesia, fue diseñada por los más famosos arquitectos y genios del Renacimiento y del Barroco.


Plaza de San Pedro

Con su famosa columnata, representa una de las ideas más ingeniosas de Gian Lorenzo Bernini. Con 320 metros de ancho y una elipse central de 240 metros, está rodeada por cuatro filas de 284 columnas y 88 pilares. La balaustrada sobre las columnas está decorada con 140 estatuas de santos. En la parte inferior hay una enorme escalera de tres tramos, flanqueada por las estatuas de San Pedro y San Pablo. En el centro de la plaza hay dos grandes fuentes y un obelisco.


La Basílica

La fachada de la Basílica de San Pedro – de 14,69 metros de ancho y 47,3 de alto – es de travertino de Tívoli. Presenta una estructura, única, de columnas corintias que enmarcan un amplio pórtico central con dos arcos a cada lado. El de la izquierda da acceso a la Ciudad del Vaticano. Encima, nueve balcones con ventanas (el central es la Loggia delle Benedizioni) y un ático canónico coronado por una balaustrada que sostiene trece estatuas. Cinco puertas de bronce conducen al interior. El centro de la iglesia está dominado por la magnífica “cúpula” de Miguel Ángel y las cúpulas más pequeñas de las capillas Gregoriana y Clementina.

En el interior, la basílica mide 186 metros de largo (218,7 incluido el pórtico o vestíbulo). La nave principal tiene 46 metros de altura, y la cúpula. 119. Bajo la cúpula se encuentra el altar papal, coronado por el famoso dosel de Bernini. La suntuosidad del interior es impresionante: 45 altares, 11 capillas, aproximadamente 10.000 metros cuadrados de mosaicos y muchas otras obras maestras, como la Piedad de Miguel Ángel. Bajo la iglesia de San Pedro se encuentran las tumbas de varios papas.


Orígenes

En origen, la zona del Vaticano era un lugar insalubre y deshabitado. A lo largo de la Vía Cornelia había tumbas, altares y sepulcros, respetando la ley romana que prescribía que todos los lugares de enterramiento debían situarse fuera de los núcleos habitados.

Sus condiciones mejoraron a comienzos del siglo I, cuando se recuperó la zona más cercana al río Tíber. En las obras posteriores se crearon jardines, grandes parques, villas y palacios notables. Como la Naumachia Vaticana, probablemente utilizada para los juegos de agua, el Mausoleo de Adriano, hoy conocido como Castillo de San Ángel, y el circo privado de Calígula.

Construido a instancias del emperador Calígula entre el 37 y el 40 d.C., el edificio estaba situado en el lado izquierdo de la actual basílica, en el valle que baja hacia el río. El circo fue el escenario de la primera persecución de los cristianos por parte de Nerón.


El Obelisco

La ubicación del circo se conoce al menos desde 1600. El obelisco que había en el centro permaneció allí hasta 1586, cuando fue trasladado al centro de la Plaza de San Pedro por orden del Papa Sixto V. Domenico Fontana relata el suceso en su libro Della Trasportatione dell’Obelisco Vaticano et delle Fabriche di Nostro Signore Papa Sisto V, Roma 1590. La operación costó 40.000 escudos y empleó a 800 trabajadores, 140 caballos y 40 elevadores. Sixto V dictó una orden con pena de muerte para quien obstaculizara los trabajos, o incluso hiciera ruido. Las operaciones de elevación se desarrollaron en absoluto silencio, excepto por el sonido de una trompeta.

Se dice que Fontana tenía su caballo preparado para huir en caso de que el obelisco cayera durante la operación. Pero tuvo éxito en su trabajo, también gracias a uno de los trabajadores, un marinero llamado Bresca. El marinero al ver que las cuerdas de soporte estaban a punto de ceder, rompió el silencio y gritó: “¡Agua a las cuerdas!”.

El circo ya estaba en desuso ciento cincuenta años después de su construcción, en la época del emperador Caracalla, cuando se construyó un gran mausoleo circular sobre el circo, no muy lejos del obelisco, posteriormente dedicado a San Andrés.


Transformaciones

La zona del Vaticano sufrió una transformación radical en el siglo IV, cuando el cristianismo se impuso al culto pagano. Tras la abdicación de Diocleciano, responsable de las últimas grandes persecuciones, las guerras de sucesión por el poder terminaron con el nombramiento en el año 307 del emperador Constantino.

Hijo de uno de los generales de Diocleciano, Constantino fue reconocido como emperador en el año 312, tras la derrota de su rival Majencio en Saxa Rubra, cerca de Roma. Al año siguiente, el emperador estableció la liberalización de la religión con el Edicto de Milán. El cristianismo dejara de tener obstáculos y pudiera ser profesado libremente. A partir de entonces, los poderes político y religioso dejaron de estar unificados en la persona del emperador. En el año 330, la capital se trasladó a Oriente, lo que llevó a la fundación de una ciudad con su nombre en el Bósforo: Constantinopla. Así, Constantino convirtió a Roma en el centro religioso del Imperio

Y para ello inició un intenso programa de construcción para dotar a la naciente Iglesia de dignos lugares de culto. El primer edificio erigido fue la Basílica, para asegurar una adecuada celebración del Príncipe de los Apóstoles. A continuación, la iglesia de San Juan de Letrán, luego la residencia papal y el palacio imperial. Siguieron, Santa Croce in Gerusalemme, San Pietro e Marcellino, San Sebastiano, San Lorenzo fuori le Mura. Y, por último, la iglesia de Sant’Agnese.

La Basílica de San Pedro también ha crecido gracias a las obras y donaciones de príncipes y papas. En el año 800, Carlomagno fue coronado por el Papa León III. Después de él, Lotario, Luis II y Federico III.


La “Fábrica de San Pedro”

A comienzos de la Alta Edad Media, la ciudad de Roma entró en un progresivo declive, dejando de ser el corazón de un gran Imperio. Durante muchos años se convirtió en el objetivo de los saqueos de los bárbaros. Los godos de Alarico (410) y Vitiges (537- 538), los vándalos de Genserico (445), que cortaron los acueductos para aplastar la ciudad, y finalmente Totila (545-546). Mil años después de su fundación, San Pedro se estaba deteriorando, y Nicolás V decidió emprender una amplia restauración. Sugerida por León Battista Alberti, fue diseñada por Bernardo Rossellino.

Nueva Generación de Papas

Durante el Renacimiento, un nuevo clima cultural y político emergía en Italia y Europa. La reconstrucción de Roma fue emprendida por una nueva generación de papas. Ellos veían en las grandes obras un medio para llegar a las masas.

Así comenzó el magnífico proyecto de Nicolás V, la restauración de monumentos antiguos que pudieran servir como infraestructuras para la ciudad papal: las Murallas Aurelianas, los puentes, el mausoleo de Adriano transformado en castillo, varios acueductos, la reconstrucción o reparación de las cuarenta basílicas que conforman las Santas Estaciones de peregrinación. Por último, la creación de una pequeña ciudad en la colina del Vaticano, vista como una ciudad santa diferente de la ciudad profana, al otro lado del Tíber y conectada sólo por el puente del Castillo de San Ángel.

Papa Julio II Della Rovere

Nicolás V sólo consiguió completar una pequeña parte de su proyecto. La nueva basílica fue construida por Julio II Della Rovere. Las obras comenzaron con la demolición de gran parte de la antigua iglesia, diseñada por Bramante. La intención era crear un edificio de cruz griega inspirado en el Panteón. Se construyeron los pilares centrales del diseño de Bramante, con los grandes arcos que sostienen la cúpula, y se crearon los espacios adyacentes a la parte central, para luego suspender los trabajos durante 20 años.

En 1527 se produjo el terrible saqueo de Roma por los lansquenetes. Más tarde los trabajos fueron reemprendidos – con una extraña y recurrente competencia entre un plan de cruz griega y un plan de cruz latina. Por Frà Giocondo, Rafael, Giuliano da Sangallo, Baldassarre Peruzzi, Antonio da Sangallo el Joven y, finalmente, Miguel Ángel. El Artista florentino, reaplicó el diseño de Bramante, reestructurando las zonas más pequeñas que rodean la parte central e iniciando la construcción de la cúpula. La Cúpula, sólo fue completada en 1593, bajo Sixto V, por Giacomo Della Porta y Domenico Fontana.

Pablo V

Bajo el pontificado de Pablo V se decidió restaurar la basílica con la vuelta definitiva a la planta de cruz latina. El arquitecto Carlo Maderno añadió tres capillas a cada lado del edificio y llevó las naves hasta la fachada actual. La restauración iniciada en 1607, terminò en 1614. La ultima restauración de la basilica fue para el Jubileo del año 2000.

Esta obra de Maderno ha sido muy criticada porque, al ocultar el tambor a la vista, amortigua el efecto ascendente de la cúpula. La consagración de la nueva basílica fue celebrada por Urbano VIII en noviembre de 1626. Al final de esta grandiosa obra, el milagroso equilibrio entre las antiguas ruinas y las escenas barrocas de la Roma papal fue tan grande que fascinó a grandes viajeros como Byron, Goethe, Stendhal…

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